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Ciclo C · Clase 6 de 17

El Sacro-Oficio

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Extracto de la Conferencia

LOS TRES FACTORES DE

LA REVOLUCIÓN DE LA CONSCIENCIA

El Tercer Factor es el del SACRIFICIO POR LA HUMANIDAD. Es necesario AMAR a nuestros semejantes, pero el Amor hay que demostrarlo con hechos concretos, claros y definitivos. No basta decir que amamos a nuestros semejantes, no; hay que demostrarlo con hechos, hay que estar dispuestos a subir al Ara del Supremo Sacrificio por la Humanidad, hay que levantar la Antorcha de la Sabiduría, para ILUMINAR EL CAMINO DE OTROS, hay que estar dispuesto a DAR HASTA LA ÚLTIMA GOTA DE SANGRE por todos nuestros semejantes, con Amor verdadero, desinteresado, puro…

De manera que el Tercer Factor de la Revolución de la Conciencia es el del Sacrificio por nuestros Semejantes. Nacer, Morir y Sacrificarnos por la Humanidad, son los Tres Factores que nos convierten a nosotros en verdaderas encarnaciones del CRISTO CÓSMICO. Esos Tres Factores nos vienen a convertir en Dioses, aunque tengamos cuerpos de Hombres. Esos Tres Factores vienen a hacer de nosotros algo distinto: Nos transforman en DEIDUSOS o DIOSES INEFABLES, ELOHIMS, DIVINOS DAIMONES, etc.

Si nosotros únicamente trabajáramos con el Primer y Segundo Factor (el de Nacer y Morir), pero no amáramos a nuestros semejantes, no hiciéramos nada por llevar la Luz del Conocimiento a otras gentes, pueblos y lenguas, caeríamos en un EGOÍSMO ESPIRITUAL, muy refinado, que nos IMPEDIRÍA TODO AVANCE INTERIOR. Pues, si solamente nos preocupamos por nosotros y nada más que por nosotros, olvidándonos de tantos millones de seres que pueblan el mundo, incuestionablemente nos auto-encerramos en nuestro propio egoísmo. En esa forma, el Yo del egoísmo no nos permitiría la Iluminación.

El egoísmo se puede presentar en formas sumamente refinadas, y hay que eliminarlas. Porque en tanto tengamos egoísmo dentro de nosotros mismos, pues, la Iluminación no será posible.

El egoísmo está formado por múltiples Yoes dentro de los

cuales se haya enfrascada la Conciencia. Que hay que desintegrar esa multiplicidad de Yoes egóicos, ¡es verdad! Pues, si no lo hiciéramos, la Conciencia continuará embotellada, estrecha, limitada, condicionada, y cualquier posibilidad de Iluminación sería anulada.

Nosotros debemos comprender que toda LA HUMANIDAD ES UNA GRAN FAMILIA. Desgraciadamente, estamos embotellados en muchos afectos y consideramos únicamente como familia a unas pocas personas que nos rodean, lo cual es egoísmo; porque todos los seres humanos, sin excepción de raza, credo, casta o color, somos una sola familia; y esa familia se llama “Humanidad”.

Si únicamente miramos como hermanos a los que nos rodearon desde la cuna, vamos muy mal. Si únicamente queremos servir a estas gentes que se dicen “nuestros familiares”, marchamos egoístamente. Se hace indispensable ver en cada persona un hermano.

Esto que digo no es por mero sentimentalismo…sino porque en verdad todos somos hermanos. No es una frase meramente sentimentalista; es real, tal como se escucha: Somos una sola familia, una sola gran familia que no debería estar dividida, una familia enorme que puebla la Tierra y que se llama “Humanidad”.

A ésos, nuestros hermanos, necesitamos llevarles el Conocimiento, mostrarles la Senda, a fin de que, algún día, ellos también puedan hollarla y llegar a la LIBERACIÓN FINAL.

Si nosotros queremos la Felicidad, debemos luchar por la Felicidad de otros. “Mientras uno más da, más recibe, pero al que nada da, hasta lo que no tiene le será quitado”…

¿Cómo podríamos nosotros alcanzar la auténtica FELICIDAD NIRVÁNICA o PARANIRVÁNICA, aquí y ahora, si no trabajamos por la Felicidad de otros? La auténtica Felicidad del Ser no puede ser egoísta; se logra, únicamente, mediante el Sacrificio por nuestros semejantes.

Así, quienes han logrado, por ejemplo, estadios del Ser muy elevados, quienes han ingresado en los Mundos Paranirvánicos, Mahaparanirvánicos, o en el Monádico o Ádico, o quienes al fin han conseguido fusionarse con el ETERNO PADRE CÓSMICO COMÚN, obviamente, se sacrificaron en alguna forma por sus semejantes en el mundo, y esto les dio méritos suficientes como para lograr, en verdad,

la dicha que no tiene límites, ni orillas jamás. […]

Debemos pensar en el bien común, en que debemos amar, sí, de una forma extraordinaria, a todos los seres que pueblan la faz de la Tierra. Amar no solamente a los que nos aman (porque eso lo haría cualquiera), sino también a los que nos odian. A los que nos aman, porque nos comprenden, y a los que nos odian porque no nos comprenden…

NO DEBE EXISTIR, EN NOSOTROS, eso que se llama “ODIO”. Hay gentes que destilan y beben su propio veneno, y sufren lo indecible; y eso es grave. Uno no debe ser tan tonto. Aquél que está destilando y bebiendo su propio veneno, pues es un tonto. Aquél que se ha forjado un “infiernito” en su mente y lo que carga a todas horas es ese “infiernito” en su entendimiento, es un necio. Uno tiene que pensar que lo mejor es amar, pues si uno hace de su mente un infierno, no es dichoso jamás.

Las gentes están todas llenas de resentimientos y eso es gravísimo, porque DONDE EXISTE el Yo del RESENTIMIENTO, NO PUEDE FLORECER EL AMOR. No hay quien no tenga resentimiento; todo el mundo guarda en su corazón palabras, hechos o sucesos dolorosos, acompañados, naturalmente, de sus secuencias o corolarios, que son los ya consabidos resentimientos que a nada conducen.

El resentido, no sabe amar, es revanchista, no sabe amar. El que odia, está muy cerca de la maldición.

Hay que SABER COMPRENDER A LOS DEMÁS, aprender a mirar el punto de vista ajeno, si es que queremos saber amar. Las gentes son incomprensivas, las gentes no quieren entender a otras gentes; sencillamente porque no saben ver el punto de vista ajeno. Si uno se sitúa en el punto de vista ajeno, aprende a PERDONAR. Cuando uno sabe perdonar, aprende a amar; si uno no es capaz de perdonar a nadie, no sabe amar.

Ahora, perdonar en forma mecanicista, no sirve para nada. Uno podría perdonar, sencillamente porque aprendió en la Doctrina Gnóstica que se debe perdonar, pero eso es automático, no sirve. En el fondo continuaría con el mismo resentimiento, con el mismo odio y hasta con el mismo deseo revanchista sofocado o reprimido.

Uno no puede perdonar si no elimina el Yo del resentimiento, si no anula el Yo del rencor, si no reduce a polvareda cósmica al Yo de la revancha, aquel Yo que quiere “sacarse el clavo”, etc. Mientras no haya eliminado tales Yoes (a través de la comprensión y con el auxilio de Kundalini Shakti) no es posible que de verdad perdone. Y si da perdón, es que es automático; y perdón automático no es perdón.

Hay que sincerarnos consigo mismos, si queremos saber amar. Si uno no se sincera consigo mismo, si no es sincero consigo mismo, no puede amar jamás. Amar implica un trabajo, un trabajo dispendioso sobre sí mismo. ¿Cómo podría uno amar a otro si no trabaja sobre sí mismo, si no elimina de su interior los elementos de la discordia, de la revancha, del resentimiento, del odio, etc.? Cuando tales elementos infrahumanos existen en nuestra psiquis, la capacidad de amar queda anulada.

Nosotros necesitamos amar, sí, a todos nuestros semejantes. Pero, repito, esto implica un trabajo. Uno no puede amar mientras existan los elementos del odio en sí mismos. Si queremos amar, debemos ser sinceros, AUTO-EXPLORARNOS, AUTOINVESTIGARNOS para descubrir esos elementos que nos incapacitan para amar.

Hay mucho amor fingido en las distintas Escuelas de tipo Pseudo-Esotérico y Pseudo-Ocultista; eso no sirve. Nosotros los gnósticos no debemos aceptar amor fingido; debemos ser exigentes consigo mismos: ¿Vamos a amar a nuestros semejantes o no los vamos a amar? Seamos sinceros. No se trata de que nos dejemos llevar de sentimentalismos sublimes. Podríamos creer que sí amamos, cuando en verdad no estamos amando.

El AMOR es algo muy sublime. Les voy a poner a ustedes un ejemplo, o algunos ejemplos sobre amor: El fundador de Nueva York era un hombre muy inteligente. Tenía, pues, una esposa, y muy digna. Cuando fundó a Nueva York, pues, aquello parecía una paradoja: Allí no había sino vegetación, árboles, montañas, etc., etc…

Él concibió la idea de una gran ciudad, al contemplar aquella región. Pero era la “época dorada”, la época en que la gente tenía la sed de oro en los Estados Unidos (aunque siempre la ha tenido, pero en aquella época era muy manifiesta la codicia por el oro físico, las

minas de oro, etc.).

Y él yéndose por el mundo, cometió un error que yo considero muy grave: Abandonar a su esposa en plena montaña. No la abandonó por ninguna otra mujer, no; sino por el oro, por ir a buscar las minas…

Al fin supo de ella: Alguien le dijo que ella ya había muerto. Él no se preocupó mucho por eso, porque él no tenía sino ansias, sed insaciable de oro.

Más tarde, con el tiempo, encontró a una mujer y se casó con ella (con otra mujer). Metió ferrocarril, estableció bancos. Cuando ya era un gran hombre, hablando ante un auditorio, de pronto descubre (entre las gentes que habían allí) a aquella que él había abandonado… Aquél hombre ya no podía ni hablar, trató de trabarse, quedó confundido, porque pensaba que estaba muerta. Y a ella le habían informado que él se había casado otra vez, que tenía seis hijos.

Y cuando salió, pues, del auditorio se halló “manos a boca” con ella; él no hallaba qué hacer.

– “No te preocupes, sé que te has casado”…

Él estaba perplejo, porque claro, al verla recordó su primer amor. Y la amaba, sólo que la sed del oro había hecho que la abandonara… No hallaba qué hacer. Dijo ella: – “Puedes marcharte, sigue tu camino”. Ella también lo adoraba.

Cuando él intentó alejarse y no podía, sentía que era difícil desprenderse de ella. Pero ella le dio valor: – “No mires hacia atrás – le dijo–, marcha hacia adelante, no te detengas por mí. Debes triunfar, te amo mucho y quiero tu triunfo”…

Él se fue caminando como un sonámbulo, hasta que ella se marchó. Ella lo amaba demasiado. Él hubiera podido dejar a la otra mujer de inmediato e irse con ésta, pero ella prefirió su Felicidad. Eso es Amor…

¿Cuál de ustedes se siente capaz de hacer eso?: Ser capaz de renunciar a lo más amado, por la Felicidad misma de lo más amado. Es que el Amor no quiere recompensas, es dádiva de sí mismo, trabajo con renuncia de los frutos, no quiere sino el bien de otros, aún a costa de la propia Felicidad.

Entender el Amor es un poco difícil. Si se define, se desfigura. Es más bien como una emanación, surgida, dijéramos, del fondo

mismo de la Conciencia, un funcionalismo del Ser.

Hay que entender, hay que comprender, pues, la necesidad de saber amar a nuestros semejantes. Porque MEDIANTE EL AMOR PODEMOS TRANSFORMARNOS, y amando, repartir bendiciones; llevar la Enseñanza a todos los pueblos de la Tierra, encaminar a otros con el máximum de paciencia; saber perdonar los defectos ajenos.

Incuestionablemente, al llevar uno la Enseñanza a otros, encontrará muchas resistencias. Indubitablemente, le lloverá a uno (en muchas ocasiones) piedras; pero hay que saber amar y perdonar a todos, NO REACCIONAR TANTO.

Las gentes viven reaccionando ante los impactos que provienen del mundo exterior. […]

Hay esa tendencia de todo el mundo, a reaccionar contra todo el mundo. ¡Más qué chistosas son las gentes!: Basta mover un botón y “truenan” y “relampaguean”. Y si se mueve otro botón, sonríen dulcemente.

Los “humanoides” son máquinas que todo el mundo maneja a su antojo; son como un instrumento de música, donde cada cual toca su propia canción. Si alguien quiere que ustedes sonrían, basta decirles palabras dulces y darles palmaditas en el hombro (sonríen dulcemente). Si quiere que “truenen” o “relampagueen”, basta decirle unas cuantas palabras duras y ya se ponen con el entrecejo fruncido y reaccionan inmediatamente.

Yo mismo, aquí estoy platicando con ustedes y los veo un poco sonrientes. Si en este momento les echara un regaño, ¿qué sucedería? Cambiarían de inmediato, ya no estarían tan sonrientes, ya las cejas aparecerían fruncidas. ¡Qué tristeza, pero así es! ¿Por qué? Son máquinas, un instrumento que todo el mundo toca o instrumentos como la guitarra. El que quiera verlos contentos, dirá unas cuantas palabras dulces, y ahí estamos felices. Pero el que le dé su gana de verlos furiosos, diga unas palabras duras y ya estaremos terribles.

De manera que DEPENDEMOS DE OTROS, NO TENEMOS

LIBERTAD, NO SOMOS DUEÑOS DE NUESTROS PROPIOS

PROCESOS PSICOLÓGICOS, cada cual hace de nosotros lo que le venga en gana. Unas cuantas palabritas de lisonja e inmediatamente: ¡Ah!, nos sentimos auto-importantes; otra palabrita de humillación, ¡y

qué tristes y pequeños nos sentimos! Si cada cual hace de nosotros lo que quiere, ¿entonces dónde está nuestra autonomía, cuándo dejaremos de ser máquinas?

Sucede que para aprender a amar, hay que adquirir AUTONOMÍA, porque si uno no es dueño de sus propios procesos psicológicos, jamás puede amar, ¿cómo? Si otros son capaces de sacarnos del Estado de Paz al Estado de Discordia, ¿cuándo podríamos amar? Mientras uno dependa de otros psicológicamente, no es capaz de amar. La dependencia obstaculiza el amor. Necesitamos nosotros acabar con la dependencia, hacernos amos de sí mismos, dueños de nuestros propios procesos psicológicos.

Cuando yo tuve la reencarnación de TOMÁS DE KEMPIS, escribí en mi libro “Imitación de Cristo” (en aquélla antigua reencarnación), una frase que dice: “Yo no soy más porque me alaben, ni menos porque me vituperen, porque yo siempre soy lo que soy”…

De manera que debemos permanecer impasibles ante la alabanza y ante el vituperio, ante el triunfo y ante la derrota; siempre serenos, impasibles, siempre dueños de sí mismos, de nuestros propios procesos psicológicos.

Así sí, marchando por ese camino, llegaremos a estar siempre estables en eso que se llama “AMOR”. Necesitamos nosotros establecernos en el Reino del Amor, pero no podríamos hacerlo si no fuésemos dueños de nuestros propios procesos psicológicos. Pues, si otros son capaces de hacernos rabiar cada vez que quieran, si otros son capaces de hacernos sentir odio, si otros son capaces de hacernos sentir el deseo de revancha, obviamente no somos dueños de sí mismos. En esas condiciones, jamás podríamos nosotros estar establecidos en el Reino del Amor. Estaríamos en el Reino del Odio, en el de la Discordia, en el del Egoísmo, en el de la Violencia, pero jamás en el Reino de eso que se llama “Amor”. Debemos permanecer estables en el Reino del Amor; tenemos que hacernos dueños de nuestros propios procesos psicológicos.

Si golpeamos en una puerta, por ejemplo, y nos reciben a piedras porque vamos a dar la Enseñanza Gnóstica, y si nos alejamos de allí, dijéramos, con el deseo de revancha, o terriblemente confundidos por el dolor, entonces no serviríamos para Misioneros

Gnósticos. Si llegamos a un pueblo a predicar la palabra y el señor “cura” nos corre, y entonces nos llenamos de terror, ¿serviríamos, acaso, para Misioneros Gnósticos?

EL TEMOR NOS INCAPACITA PARA AMAR. ¿A qué le tenemos miedo nosotros? ¿A la muerte? Si para morir nacimos, y entonces, ¿qué? Que muera uno, unos días antes o unos días después, ¿qué? Siempre tiene que morir. Entonces, ¿a qué le tenemos miedo? Además, la muerte es tan natural como el nacimiento. Si le tenemos miedo a la muerte, también debemos tenérselo al nacimiento, pues son los dos extremos de un mismo fenómeno que se llama “vida”.

¿Tenerle miedo a la muerte? ¿Por qué, si todo lo que hace tiene que morir? Las plantas nacen y mueren, los mundos nacen y mueren. Esta misma Tierra nació y un día será un cadáver, quedará convertida en una nueva Luna.

Así, pues, temer a la muerte, ¿por qué? “LA MUERTE ES LA CORONA DE TODOS”, y por cierto que es hasta muy bella. Uno no debe mirar a la muerte jamás con horror; hay que mirarla como es…

Ver un cadáver en un féretro (en la mitad de una sala), no es haber comprendido el Misterio de la Muerte. El MISTERIO DE LA MUERTE es muy sagrado. Y jamás se podría comprender el origen de la vida, el MISTERIO DE LA VIDA, si antes no se ha comprendido a fondo, el Misterio de la Muerte. Cuando uno entiende de verdad lo que son los Misterios de la Muerte, entiende los Misterios de la Vida. Y la muerte nos depara, pues, deliciosos momentos. Con la muerte viene la PAZ.

Bien vale la pena, pues, no tener miedo al Morir. Y si alguien muriera en el cumplimiento de su deber, trabajando por la humanidad, ese alguien sería premiado con creces en los Mundos Superiores.

DAR UNO LA VIDA POR SUS SEMEJANTES, ES ALGO

SUBLIME. Eso fue lo que hizo el Divino Rabí de Galilea, es lo que han hecho todos los Santos, los mártires: San Esteban, apedreado por enseñar la palabra; Pedro, crucificado con la cabeza hacia abajo y las piernas hacia arriba, para indicar el trabajo en la Forja de los Cíclopes. Eso son ellos: Verdaderos mártires. Ésos son los que descolan, ésos son los que surgen más tarde, entre el Maha-Manvantara, como Dioses.

Así pues, temer es absurdo. Lo más que podría sucedernos a nosotros es que nos llevaran al paredón de fusilamiento, ¿y qué? Después de todo, ¿qué? Morirse uno, unos días antes o unos días después, es algo que no tiene la menor importancia. Vale la pena que pensemos en todas estas cosas…

Por temor, los hombres se arman para matar a otros; por temor, las guerras entre las naciones, pues cada nación teme que otra la invada y se arma, y viene el desastre; por temor existen los ladrones, que le tienen miedo a la vida; por temor existen las prostitutas, que le tienen miedo al hambre; por temor, un hombre mata a otro. El temor, pues, es la raíz de muchas maldiciones sobre la Tierra.

Uno tiene que ACABAR CON EL YO DEL TEMOR. En el umbral del Templo debemos dejar el temor. Más, desgraciadamente, hay distintas clases de temores…

El que tiene miedo jamás podría afrontar la prueba del GUARDIÁN DE LA INMENSA REGIÓN. ¿Cómo podría afrontarla si teme? El que tiene miedo, al verse fuera del cuerpo físico, resulta “chillando”… “Que parece que ya se murió, que dejó a su mamá y a su papi, que a sus hermanitos, que al abuelo. Que, en fin, ahora qué hago”…

Pueden estar ustedes seguros que nosotros somos solos (cada uno de nosotros), y que la única familia que tenemos se llama “Humanidad”.

Uno, después de muerto, tiene que llegar a la conclusión de que el apellido que llevó, la buena reputación de papá y de mamá, el cariño de sus hermanitos, de sus amigos, todo eso queda atrás. Se encuentra con que uno no es más que otra criatura de la Naturaleza, y eso es todo; sin nombres ni apellidos terrenales, terriblemente solo, porque papá y mamá, y los hermanitos, fueron tan sólo la fascinación de un día; nada de eso tenemos, somos espantosamente solos.

A la larga, lo único que tenemos que buscar adentro es al PADRE QUE ESTÁ EN SECRETO y a nuestra MADRE ETERNA y SIEMPRE DIVINA (KUNDALINI), y al CRISTO SEÑOR.

¿Y familia? ¡Todos los millones de seres humanos! No digo solamente los de la Tierra, sino los de todos los mundos del espacio. Somos una gran familia; y ésa es la realidad. Y es una realidad

descarnada la que les estoy diciendo, pero es la realidad. Descarnada porque ustedes quieren mucho a sus familiares, ¿verdad? Ahora, si yo no tuviera familia dirían: “Bueno, como usted no la tiene, pues, qué le importa”. No, yo la tengo también, y me doy cuenta que es vano todo eso. No quiero decirles que yo no quiera a mis familiares. Sí los quiero, como ustedes los quieren, sólo que yo ya experimenté, directamente, la realidad de lo que es la familia, y llegué al convencimiento de que la familia es toda la humanidad.

No guardo resentimientos contra mi familia. No vayan a creer ustedes que estoy hablando con algún resentimiento, no. Cuando digo que “experimenté la realidad de lo que es la familia”, quiero referirme, en forma trascendental, a la Enseñanza.*

Fuera del cuerpo físico, se me enseñaron los Misterios de la Vida y de la Muerte. En alguna ocasión, se me hizo sentir la muerte por anticipado. Se me hizo salir del cuerpo físico. Ya fuera de la forma se me hizo adelantar en el tiempo para verme muerto. ¿Qué vi? Un cadáver. ¿Qué había en ese ataúd? Un cuerpo. ¿Cuál? El mío. ¿Quiénes estaban ante ese ataúd, en la sala llena de flores y coronas de difuntos? Los familiares. Entre mis familiares, estaba ahí mi madre terrenal. Me acerqué a ella, besé su mano y dije: “¡Gracias por el cuerpo que me diste; mucho me sirvió ese cuerpo, resultó maravilloso, gracias!” Me acerqué a todos los otros familiares, despidiéndome de ellos. Abandoné aquella morada y me sumergí entre el seno de la Naturaleza, convencido de que estaba desencarnado…

¿Qué había? Naturaleza: Valles, montañas profundas, océanos, nubes, aire, sol. Y mis familiares, ¿qué? Eso había quedado en el pasado, ya no tenía familiares. Los nombres y apellidos, mi linaje, mi pueblo, mi lengua, ¿en qué habían quedado? ¡Cosas del pasado! Ahora estaba sumergido entre una Naturaleza salvaje, absolutamente

  • Samael Aun Weor decía en otra conferencia: “Es claro que, para poder hollar la Senda que lo ha de conducir a uno a la Transformación Íntima del Ser, se necesita, antes que todo, ser uno un buen amo [o ama] de casa, cumplir uno con sus deberes, para con la esposa [o esposo], para con los hijos, para con los suyos.”

solo. Y entonces mi querida familia, ¿qué? Solamente pude exclamar: “¡Ya no tengo familia!” ¿Y los seres que me rodearon? Eso fue en el pasado; ahora estoy solo, espantosamente solo. Soy tan sólo una criatura de la Naturaleza, una Naturaleza salvaje. ¡Lo que hay son unos valles, unas montañas, una tierra húmeda por la lluvia!” “¿Y mi casa? ¿Cuál casa? Ya no tienes casa. ¿Y bienes? Mucho menos bienes terrenales. ¿De dónde los voy a sacar? Entonces, ¿quién eres? Una partícula de la Naturaleza, una Naturaleza salvaje que nada tiene que ver con cuestiones de familia”… “Conclusión: Mi familia es toda la humanidad o todas las humanidades, o todos los mundos de las humanidades planetarias, y eso es todo”…

Sentí, sin embargo, un poco de tristeza, al darme cuenta que todavía el Cordón de Plata no se había roto. Hubiera querido romperlo, pero permanecía intacto. No me quedó más remedio que regresar. Yo pensaba que ya estaba desligado, absolutamente, de la forma física, me dije, y me tocaba volver otra vez… Y volví, sí, entré en mi cuerpo.

Ésa es la realidad, pues, en relación con familiares, parientes, allegados, primos, hermanos, tíos, sobrinos, nietos, bisnietos, tataranietos, y en fin, todo eso que nos fascina en el fondo.

Nosotros necesitamos elevar un poco el corazón con la frase “¡SURSUM CORDA!” (“¡ARRIBA CORAZONES!”), y saber que todos somos una gran familia; ver en cada persona un hermano, sentir a cada uno de nuestros hermanos como carne de nuestra carne, como sangre de nuestra sangre; no ver a los otros como extraños, como particulares, como gente distinta, porque eso es absurdo.

Todos somos una enorme, una inmensa familia que se llama “Humanidad”. Entonces debemos sacrificarnos por esa inmensa familia, con verdadero Amor. Si así lo hacemos, marchamos con el Tercer Factor de la Revolución de la Conciencia en forma plena.

Samael Aun Weor

“EL QUE QUIERA AUTORREALIZARSE TIENE QUE SACRIFICARSE…

Todo Sacrificio es espantoso: Hay que estar dispuesto a perder lo más querido…

El Sacrificio, en sí, es doloroso. Si nosotros pensáramos que el crear una empresa como la de Canadá y Europa no es dolorosa, la misión del Canadá y la de Europa sería llevada a la Entropía…

Entre el MI y el FA hay una pausa para poder seguir a la otra meta. Hay que continuar las batallas, no importa el dolor, hasta que se transformen todas las Fuerzas Inferiores en Superiores. La sola palabra sacrificio nos convierte en Apóstoles…

Cristo se sacrificó para vencer la Ley de Entropía, y esta crucifixión y sacrificio debe realizarse en cada uno de nosotros. Hay que tratar de ser siempre diferentes, HAY QUE SACRIFICAR HASTA

LA PROPIA IDENTIDAD. HAY QUE DESTROZAR EL CORAZÓN PARA QUE NAZCA EL HOMBRE SOLAR.

Nosotros tenemos que ofrecerlo todo, absolutamente todo…Todas las Fuerzas deberán transformarse en algo diferente.

El Hombre Verdadero tiene que sacrificarse para convertirse en el Superhombre de Nietzsche. Todo Sacrificio es doloroso por naturaleza; el Sacrificio del Superhombre cuesta mucha sangre.

Así pues, vale la pena comprender, porque con esta base podemos resistir todos los reveses de la vida. Cualquier empresa que trabaja sin Sacrificio no tiene éxito, y es una empresa cualquiera.

El MOVIMIENTO GNÓSTICO INTERNACIONAL se hizo sobre el Sacrificio, por eso tendrá éxito.”

Samael Aun Weor

Congreso Internacional de 1976

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